POR UNA GALLETA

septiembre 27, 2008 at 8:38 am (cuentos, galleta, hitorias, reflexiones)

“Hay miradas que matan y silencios que sentencian…esta mujer llevaba un verdugo dentro de sí.”

EL CUENTO DE LA GALLETA

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación del ferrocarril, le informaron que el tren en que viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. Entonces, la elegante señora, visiblemente fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó, resignada para la espera.

Mientras hojeaba la revista, un joven vino a sentarse a su lado y comenzó a leer un diario. En cierto momento, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer acabó por molestarse, pero no quería ser grosera, ni tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada estaba sucediendo; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y extrajo una galleta, la exhibió frente al joven y enseguida se la llevó a la boca, mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra y con la vista fija en ella la comió y sonrió. La señora, furibunda, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, sosteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.

Finalmente, la mujer se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba una galleta. «No podrá ser tan cara dura», pensó, mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció una parte a su compañera de banco. «¡Gracias!», dijo la mujer, tomando con rudeza lo que le ofrecían. «De nada», contestó el joven sonriendo suavemente, mientras comía su mitad. Entonces, se anunció la partida del tren.

La señora se levantó furiosa del banco y subió al vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento, vio al muchacho todavía sentado en el andén, y pensó: «¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!».

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado, abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas sin abrir.

Cuántas veces nuestros prejuicios nos hacen valorar erróneamente a las personas; cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente perdiendo la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones.

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POR UNA GALLETA

septiembre 27, 2008 at 8:38 am (cuentos, galleta, hitorias, reflexiones)

“Hay miradas que matan y silencios que sentencian…esta mujer llevaba un verdugo dentro de sí.”

EL CUENTO DE LA GALLETA

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación del ferrocarril, le informaron que el tren en que viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. Entonces, la elegante señora, visiblemente fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó, resignada para la espera.

Mientras hojeaba la revista, un joven vino a sentarse a su lado y comenzó a leer un diario. En cierto momento, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer acabó por molestarse, pero no quería ser grosera, ni tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada estaba sucediendo; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y extrajo una galleta, la exhibió frente al joven y enseguida se la llevó a la boca, mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra y con la vista fija en ella la comió y sonrió. La señora, furibunda, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, sosteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.

Finalmente, la mujer se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba una galleta. «No podrá ser tan cara dura», pensó, mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció una parte a su compañera de banco. «¡Gracias!», dijo la mujer, tomando con rudeza lo que le ofrecían. «De nada», contestó el joven sonriendo suavemente, mientras comía su mitad. Entonces, se anunció la partida del tren.

La señora se levantó furiosa del banco y subió al vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento, vio al muchacho todavía sentado en el andén, y pensó: «¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!».

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado, abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas sin abrir.

Cuántas veces nuestros prejuicios nos hacen valorar erróneamente a las personas; cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente perdiendo la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones.

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LA BOLA DE LUZ

agosto 25, 2008 at 11:02 am (bolas, cuentos, luz, miedo, relatos)

La casa donde todos decían aparecían bolas de luz había conseguido llevarme hasta sus puertas, allí sentada en un montículo de tierra estaba yo, sola esperando el momento en el que la oscuridad cubriera con ese negro manto la noche, ya faltaba poco, era cuestión de esperar pacientemente el momento.
Tuve la intención varias veces de levantarme y marchar de aquel misterioso lugar, pero algo dentro de mi me decía que esta era una oportunidad que tendría que aprovechar para ver si todo lo que decían era cierto, si la casa había querido mi presencia, no podía ser de otra forma.
El cielo cada vez más oscuro , se cubría de nubes negras que impedían ver la luz de la Luna ,Sentí un escalofrío por todo el cuerpo y un cosquilleo en mi nuca, no me atreví a mirar hacia atrás por temor a encontrar algo que podía espantarme y permanecí quieta, inmóvil con los ojos cerrados, esperando una señal para entrar en la casa de las luces.
Ahora, era un leve viento el que hacía que las ramas de los arboles susurraran despacio algo que no lograba entender, y fue en ese momento cuando pude ver como por una de las ventanas algo parecido a una pequeña esfera de luz comenzaba a aparecer, como pude me puse en pié y mi cuerpo tembloroso permitió que mis piernas me llevaran hacia la casa, empuje la puerta escuchando el chirrido que hacia la vieja madera , allí estaba…una preciosa esfera de luz flotando en el aire.
Todo el miedo que sentí durante mi espera estaba desapareciendo, mi mente y mi cuerpo dejaban paso a un estado de bienestar desconocido y comencé a presenciar como la esfera cada vez más grande dejaba ver algo en su interior, que era?
Esa bola se estaba abriendo del todo dejando ver una silueta que me atraía hacia ella, no sentía ningún temor solo paz y muchas ganas de avanzar, así fue como llegando hasta ella, me fundí en su luz y en ese momento deje de pertenecer a tu mundo.
Ahora soy parte del todo y en algún momento me presentaré ante ti para que vengas conmigo, yo abriré una puerta de luz en tu pantalla del ordenador y te invitaré a este espacio maravilloso…no tengas miedo cuando me veas todos tus temores desaparecerán.
Tú que me estas leyendo…quieres ser la primera?
autor: Aguabella

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LA BOLA DE LUZ

agosto 25, 2008 at 11:02 am (bolas, cuentos, luz, miedo, relatos)

La casa donde todos decían aparecían bolas de luz había conseguido llevarme hasta sus puertas, allí sentada en un montículo de tierra estaba yo, sola esperando el momento en el que la oscuridad cubriera con ese negro manto la noche, ya faltaba poco, era cuestión de esperar pacientemente el momento.
Tuve la intención varias veces de levantarme y marchar de aquel misterioso lugar, pero algo dentro de mi me decía que esta era una oportunidad que tendría que aprovechar para ver si todo lo que decían era cierto, si la casa había querido mi presencia, no podía ser de otra forma.
El cielo cada vez más oscuro , se cubría de nubes negras que impedían ver la luz de la Luna ,Sentí un escalofrío por todo el cuerpo y un cosquilleo en mi nuca, no me atreví a mirar hacia atrás por temor a encontrar algo que podía espantarme y permanecí quieta, inmóvil con los ojos cerrados, esperando una señal para entrar en la casa de las luces.
Ahora, era un leve viento el que hacía que las ramas de los arboles susurraran despacio algo que no lograba entender, y fue en ese momento cuando pude ver como por una de las ventanas algo parecido a una pequeña esfera de luz comenzaba a aparecer, como pude me puse en pié y mi cuerpo tembloroso permitió que mis piernas me llevaran hacia la casa, empuje la puerta escuchando el chirrido que hacia la vieja madera , allí estaba…una preciosa esfera de luz flotando en el aire.
Todo el miedo que sentí durante mi espera estaba desapareciendo, mi mente y mi cuerpo dejaban paso a un estado de bienestar desconocido y comencé a presenciar como la esfera cada vez más grande dejaba ver algo en su interior, que era?
Esa bola se estaba abriendo del todo dejando ver una silueta que me atraía hacia ella, no sentía ningún temor solo paz y muchas ganas de avanzar, así fue como llegando hasta ella, me fundí en su luz y en ese momento deje de pertenecer a tu mundo.
Ahora soy parte del todo y en algún momento me presentaré ante ti para que vengas conmigo, yo abriré una puerta de luz en tu pantalla del ordenador y te invitaré a este espacio maravilloso…no tengas miedo cuando me veas todos tus temores desaparecerán.
Tú que me estas leyendo…quieres ser la primera?
autor: Aguabella

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EL HADA FEA

agosto 11, 2008 at 12:13 pm (cuentos, hadas, relatos)


Los cuentos siempre suelen llevar una moraleja,
para muestra un botón,
Creiamos que todas las hadas eran bellisimas?
Pues hay de todo como en todas partes,
esta es la historia de …un hada fea por fuera.
Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también un hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de un hada tenía que ser su belleza. En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y gritando:
– ¡Fea! ¡Bicho!, ¡Lárgate de aquí!.
Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña:
– Tú eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y seguro que es así por alguna razón especial…
Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara, se hizo pasar por bruja. Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando. Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la montaña durante los siguientes 100 años.
Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo, todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por hacer.

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HERMANOS

julio 28, 2008 at 11:24 pm (cuentos, hermanos, historias, relats)

A estas horas de la noche, cuando todos estan duermiendo yo he permanecido despierta, hoy no podia dormir y aqui estoy en este blog que tanto me ha dado desde que lo abri , me ha proporcionado la gran suerte de conoceros y poder compartir y aprender tantas cosas.
De momento hago esta entrada pero aún no podré ocuparme como antes de este mundo mágico pero poco a poco todo se irá normalizando.
Me ha parecido bien poner esta historia de dos hermanos que queriendo alejarse se pudieron unir más que nunca.
Asi comienza:
Esta es la historia de un par de hermanos que vivieron juntos y en armonía por muchos años.Ellos vivían en granjas separada pero un día…
Cayeron en un conflicto, este fue el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.
Comenzó con un pequeño malentendido yfue creciendo …hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.
– Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero “Estoy buscando trabajo por unos días”, dijo el extraño, “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso”.
-“Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “tengo un trabajo para usted.
Mire al otro lado del arroyo, en aquella granja vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor.
La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros pero él desvío el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor.
¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.”
El carpintero le dijo: “creo que comprendo la situación”.
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.
Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó.
No había ninguna cerca de dos metros.
En su lugar había un puente que unía las dos granjas a través del arroyo.Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano mayor le dijo:
-“Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho”.
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas.
-“No, espera”. “Quédate unos cuantos días tengo muchos proyectos para ti”, le dijo el hermano mayor al carpintero.
“Me gustaría quedarme”, dijo el carpintero, “pero tengo muchos puentes por construir”.Muchas veces dejamos que los malentendidos o enojos nos alejen de la gente que queremos, muchas veces permitimos que el orgullo se anteponga a los sentimientos,No permitas que un pequeño desliz malogre una gran amistad…
Recuerda que el silencio a veces es la mejor respuesta…
Una casa feliz es lo que más importa. Haz todo lo que esté a tu alcance para crear un ambiente en armonía.
Recuerda que la mejor relación es aquella donde el amor entre dos personas es mayor de que la necesidad que ellas tienen una por la otra.
De vez en cuando necesitamos un tirón de orejas para darnos cuenta de lo que realmente importa.

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la autentica leyenda de Veronica

julio 14, 2008 at 8:32 am (cuentos, historias, leyendas, miedo)

Esta historia es muy antigua hay varias versiones sobre Veronica pero esta es la primera historia que se conoció sobre ella.
Una persona me ha pedido en varias ocasiones que pusiera esta leyenda en el blog. Pues bien, aquí está puesta espero que os guste y no paséis mucho miedo.
Carolina y Verónica eran dos jóvenes novicias de un convento, el cual, actualmente, es un colegio de Primaria y Secundaria.
Estas jóvenes habían sido amigas desde la infancia y juntas habían decidido convertirse en religiosas. Durante el último año de sus estudios se celebró en el convento una pequeña convivencia religiosa en la que participaron las otras congregaciones
de la comarca. De una de ellas procedía un joven que había sido criado por los monjes debido a que su madre lo abandonó, este joven era bastante atractivo y Carolina se enamoró de él a pesar de sus votos. Por otro lado Verónica también se enamoró de él, pero lo mantuvo en secreto hasta que una noche Carolina fue a buscarla y la encontró en la habitación del joven acostándose con él. Carolina salió corriendo de la habitación gritando sin darle tiempo a Verónica de explicar que había renunciado a la vida religiosa y había decidido casarse con el joven. Al ver que era imposible que Carolina atendiera a razones decidió acostarse y que ya hablaría con ella por la mañana. Pero esa mañana nunca llegaría para ella.
Por la noche Carolina cogió las tijeras que usaban en los talleres de costura, las cuales estaban atadas a un lazo rojo para poderse colgar del cuello y así no perderlas. Esta se dirigió sigilosamente hacia el cuarto donde se hallaba Verónica durmiendo, se acercó a la cama, levantó las tijeras abiertas y se las clavó a Verónica en el pecho al mismo tiempo que esta gritaba su nombre. Asustada por lo que había hecho, Carolina cogió el cuerpo de Verónica y lo enterró en el huerto del convento con las tijeras todavía clavadas en el pecho.
Al año siguiente Carolina seguía estudiando en el convento y todo el mundo creía que Verónica se había fugado con aquel joven del que se había enamorado, pero la noche en la que se celebraba el aniversario de la muerte de Verónica, Carolina comenzó a escuchar un ruido de pasos en el corredor que se dirigían a su habitación, de repente la puerta se abrió y Carolina fue incapaz de abrir los ojos hasta que un escalofrío recorrió su cuerpo estremeciéndola de miedo que le hizo abrirlos y observó el cuerpo putrefacto de su amiga la cual sujetaba en las manos las tijeras con el lazo rojo. En cuestión de segundos Verónica clavó las tijeras en el corazón de su amiga dándole muerte.
Al día siguiente las hermanas de la orden hallaron sobre la cama de Carolina las tijeras con el lazo rojo y una pequeña Biblia en cuyas tapas Carolina relataba lo sucedido una noche hacía ya un año cuando por celos había matado a su mejor amiga. Se dice que el espíritu de Verónica todavía vaga buscando venganza y que para invocarla es necesario una tabla de ouija, una Biblia abierta por la mitad y unas tijeras abiertas rodeadas por un lazo rojo, pero esto es muy peligroso de hacer, ya que si aparece Verónica y encuentra a alguien en la reunión con los mismos sentimientos de celos y odio que su amiga Carolina, le clavará las tijeras en el corazón.
Verdad que os suena la historia?
Quizás conozcaís las otras versiones pero se dice que esta es la autentica historia.

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LAS CANILLAS DEL SEÑOR CURA

julio 5, 2008 at 6:05 pm (canillas, cuentos, leyendas, relatos)

Esta leyenda es típica de Jaén, seguro que muchos la conocéis

Se cuenta que un mozo volvía a su casa a media noche después de hablar con su novia, cuando se cruzó con un sacerdote con el que trabó conversación. Al cabo de un rato de charla, el sacerdote le pidió el favor que le ayudara a celebrar una misa de penitencias que deseaba hacer en la intimidad en la capilla del Arco de San Lorenzo.
Ambos se dirigieron hacia allá y ya en la capilla, al quitarse el cura la ropa de abrigo, resultó que ya estaba vestido para la celebración.
Comenzó a oficiar la misa con normalidad, pero al iniciar las primeras genuflexiones, el mozo comprobó aterrorizado que de las botas del cura asomaban los huesos desprovistos de carne y piel. De un brinco, abandonó la capilla y subió la cuesta a la carrera hasta llegar a la iglesia de Santiago, donde otro sacerdote, viéndole tan agitado, le paró e intentó calmarlo.
El mozo le contó lo del otro sacerdote que en vez de piernas, tenía canillas, como las de los esqueletos. Y el segundo cura se alzó la sotana y le mostró los huesos de las piernas, al tiempo que le preguntaba “¿Serían como éstas…?”.
Es fácil entender que el mozo cayera enfermo de tanta impresión.

Conoces al Cura de tu parroquia?
y… le has visto las canillas??

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UN HOMBRE CON MUY MALA SUERTE

junio 21, 2008 at 6:28 am (cuentos, escritos, hombre, relatos)


Un cuento para el fin de semana:
Narrador.- Erase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Y así pasaron muchos años años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas durante un buen rato, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. Y…quién era más indicado para prestársela que Dios. Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.
A la mañana siguiente se puso en marcha. Y caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos días, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:
El Lobo.- “¡Oooooooh….oooooooohh!”.
Narrador.- Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito!. Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones; daba lástima verlo.
El Hombre.- ¿Qué te pasa lobo?
El Lobo.- Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…
El Hombre.- ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios a pedirle que me cambie la suerte.
El Lobo.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Muy bien, no te preocupes que se lo pediré. Hasta pronto.
Narrador.- Y caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacía mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.
El Hombre.- ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!
Narrador.- Nada más pensarlo vio a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y…. ¡otra vez escucho aquella voz!
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:
El Hombre.- ¿Eres tú, árbol?
El Árbol.- Sí, yo soy.
El Hombre.- ¿Qué te pasa?
El Árbol.- ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?.
El Hombre.- ¡No sigas!. Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.
El Árbol.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Lo haré.
Narrador.- Y con esa promesa se marchó. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.
Después de un tiempo, el hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso vale. Parecía un paraiso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,…Era una maravilla de lugar. Bajando al vale descubrió, en medio de aquel precioso paisaje una casa muy acojedora. Se acercó y vió que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.
La Mujer.- Ven, viajero, ven a descansar.
Narrador.- El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.
El Hombre.- Te veo triste.
La Mujer.- Sí, es verdad, de un tiempo para acá no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que algo me falta.
El Hombre.- ¡No sigas!. Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.
La Mujer.- Pues dile que te dé un consejo para mí.
Narrador.- A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.
El Hombre.- ¿Tú eres Dios?.
Dios.- Sí, yo soy.
El Hombre.- Tu sabes que las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.
Dios.- Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.
Narrador.- El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó a aquel valle. Estaba pasando de largo frente a la casa cuando la mujer lo vió y lo llamó.
La Mujer.- ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuéntame lo que ha pasado.
El Hombre.- He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.
La Mujer.- ¿Y no te ha dado un consejo para mí?.
El Hombre.- A ver…a ver si recuerdo… ¡Ah! sí. Me dijo que lo que te fataba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.
Narrador.- Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:
La Mujer.- ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye..y ¿quieres ser tú ese hombre?
El Hombre.- Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adios, me voy corriendo.
Narrador.- Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró e interrogó.
El Árbol.- ¿Qué ha pasado buen hombre?
Narrador.- Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:
El Árbol.- ¿Y para mí, para mí, Dios no te dió ningún consejo?.
El Hombre.- A ver… a ver si recuerdo…¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raices había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá de nuevo bien.
Narrador.- Después de oír al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.
El Árbol.- Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quiere hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raices crezcan de nuevo bien.
El Hombre.- Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adios.
Narrador.- El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:
El Lobo.- ¿Y para mí…., para mí no te dió Dios también un consejo?.
El Hombre.- A ver….a ver si me acuerdo…¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.
Narrador.- El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y…¡Lo devoró!.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Autor Desconocido

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UN HOMBRE CON MUY MALA SUERTE

junio 21, 2008 at 6:28 am (cuentos, escritos, hombre, relatos)


Un cuento para el fin de semana:
Narrador.- Erase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Y así pasaron muchos años años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas durante un buen rato, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. Y…quién era más indicado para prestársela que Dios. Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.
A la mañana siguiente se puso en marcha. Y caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos días, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:
El Lobo.- “¡Oooooooh….oooooooohh!”.
Narrador.- Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito!. Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones; daba lástima verlo.
El Hombre.- ¿Qué te pasa lobo?
El Lobo.- Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…
El Hombre.- ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios a pedirle que me cambie la suerte.
El Lobo.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Muy bien, no te preocupes que se lo pediré. Hasta pronto.
Narrador.- Y caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacía mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.
El Hombre.- ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!
Narrador.- Nada más pensarlo vio a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y…. ¡otra vez escucho aquella voz!
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:
El Hombre.- ¿Eres tú, árbol?
El Árbol.- Sí, yo soy.
El Hombre.- ¿Qué te pasa?
El Árbol.- ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?.
El Hombre.- ¡No sigas!. Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.
El Árbol.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Lo haré.
Narrador.- Y con esa promesa se marchó. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.
Después de un tiempo, el hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso vale. Parecía un paraiso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,…Era una maravilla de lugar. Bajando al vale descubrió, en medio de aquel precioso paisaje una casa muy acojedora. Se acercó y vió que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.
La Mujer.- Ven, viajero, ven a descansar.
Narrador.- El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.
El Hombre.- Te veo triste.
La Mujer.- Sí, es verdad, de un tiempo para acá no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que algo me falta.
El Hombre.- ¡No sigas!. Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.
La Mujer.- Pues dile que te dé un consejo para mí.
Narrador.- A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.
El Hombre.- ¿Tú eres Dios?.
Dios.- Sí, yo soy.
El Hombre.- Tu sabes que las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.
Dios.- Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.
Narrador.- El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó a aquel valle. Estaba pasando de largo frente a la casa cuando la mujer lo vió y lo llamó.
La Mujer.- ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuéntame lo que ha pasado.
El Hombre.- He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.
La Mujer.- ¿Y no te ha dado un consejo para mí?.
El Hombre.- A ver…a ver si recuerdo… ¡Ah! sí. Me dijo que lo que te fataba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.
Narrador.- Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:
La Mujer.- ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye..y ¿quieres ser tú ese hombre?
El Hombre.- Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adios, me voy corriendo.
Narrador.- Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró e interrogó.
El Árbol.- ¿Qué ha pasado buen hombre?
Narrador.- Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:
El Árbol.- ¿Y para mí, para mí, Dios no te dió ningún consejo?.
El Hombre.- A ver… a ver si recuerdo…¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raices había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá de nuevo bien.
Narrador.- Después de oír al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.
El Árbol.- Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quiere hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raices crezcan de nuevo bien.
El Hombre.- Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adios.
Narrador.- El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:
El Lobo.- ¿Y para mí…., para mí no te dió Dios también un consejo?.
El Hombre.- A ver….a ver si me acuerdo…¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.
Narrador.- El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y…¡Lo devoró!.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Autor Desconocido

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