PREMIOS QUE RECIBO

junio 21, 2008 at 4:58 pm (Premios)

Estos dias he recibido algunos Premios y hoy los voy a exponer con mucho cariño, siempre es grato que se acuerden de nosotros y estos detalles que teneis con el blog de Aguabella lo agradezco de todo corazón.

Mi amiga Maria Jesus del blog. Zona Iluminada me otorga los siguientes Premios:

Premio Paracelso 2008


Premio Amigas unidas para siempre

Premio Un tacon en tu vida


Mi amiga Natacha del blog. La cocina de mis sueños me otorga un premio que me encanta.

Premio Dardos Muchisimas gracias a las dos por acordaros de mí en vuestras entregas, siempre es un honor recibir estos premios de manos de personas como vosotras.

REPARTO DE PREMIOS

Premio Paracelso 2008 es para:

Campanilla del blog. Un paseo por mi corazón

Premio Amigas unidas para siempre es para :

Silvia del blog. Nunca es tarde para empezar

Premio Un tacón en tu vida es para:

Jerusalem del blog. Entre naranjos y jazmines

El Premio Dardos es para:

Alatriste del blog. El desván del poeta

Thot del blog. Alargaba la mano y te tocaba

Martin (Tork) del blog. Martin

Muchas felicidades a todos y todas porque sois merecedores de muchisimos premios por todo el esfuerzo que requiere llevar un Blog.

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Permalink 12 comentarios

PREMIOS QUE RECIBO

junio 21, 2008 at 4:58 pm (Premios)

Estos dias he recibido algunos Premios y hoy los voy a exponer con mucho cariño, siempre es grato que se acuerden de nosotros y estos detalles que teneis con el blog de Aguabella lo agradezco de todo corazón.

Mi amiga Maria Jesus del blog. Zona Iluminada me otorga los siguientes Premios:

Premio Paracelso 2008


Premio Amigas unidas para siempre

Premio Un tacon en tu vida


Mi amiga Natacha del blog. La cocina de mis sueños me otorga un premio que me encanta.

Premio Dardos Muchisimas gracias a las dos por acordaros de mí en vuestras entregas, siempre es un honor recibir estos premios de manos de personas como vosotras.

REPARTO DE PREMIOS

Premio Paracelso 2008 es para:

Campanilla del blog. Un paseo por mi corazón

Premio Amigas unidas para siempre es para :

Silvia del blog. Nunca es tarde para empezar

Premio Un tacón en tu vida es para:

Jerusalem del blog. Entre naranjos y jazmines

El Premio Dardos es para:

Alatriste del blog. El desván del poeta

Thot del blog. Alargaba la mano y te tocaba

Martin (Tork) del blog. Martin

Muchas felicidades a todos y todas porque sois merecedores de muchisimos premios por todo el esfuerzo que requiere llevar un Blog.

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UN HOMBRE CON MUY MALA SUERTE

junio 21, 2008 at 6:28 am (cuentos, escritos, hombre, relatos)


Un cuento para el fin de semana:
Narrador.- Erase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Y así pasaron muchos años años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas durante un buen rato, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. Y…quién era más indicado para prestársela que Dios. Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.
A la mañana siguiente se puso en marcha. Y caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos días, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:
El Lobo.- “¡Oooooooh….oooooooohh!”.
Narrador.- Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito!. Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones; daba lástima verlo.
El Hombre.- ¿Qué te pasa lobo?
El Lobo.- Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…
El Hombre.- ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios a pedirle que me cambie la suerte.
El Lobo.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Muy bien, no te preocupes que se lo pediré. Hasta pronto.
Narrador.- Y caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacía mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.
El Hombre.- ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!
Narrador.- Nada más pensarlo vio a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y…. ¡otra vez escucho aquella voz!
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:
El Hombre.- ¿Eres tú, árbol?
El Árbol.- Sí, yo soy.
El Hombre.- ¿Qué te pasa?
El Árbol.- ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?.
El Hombre.- ¡No sigas!. Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.
El Árbol.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Lo haré.
Narrador.- Y con esa promesa se marchó. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.
Después de un tiempo, el hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso vale. Parecía un paraiso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,…Era una maravilla de lugar. Bajando al vale descubrió, en medio de aquel precioso paisaje una casa muy acojedora. Se acercó y vió que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.
La Mujer.- Ven, viajero, ven a descansar.
Narrador.- El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.
El Hombre.- Te veo triste.
La Mujer.- Sí, es verdad, de un tiempo para acá no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que algo me falta.
El Hombre.- ¡No sigas!. Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.
La Mujer.- Pues dile que te dé un consejo para mí.
Narrador.- A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.
El Hombre.- ¿Tú eres Dios?.
Dios.- Sí, yo soy.
El Hombre.- Tu sabes que las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.
Dios.- Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.
Narrador.- El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó a aquel valle. Estaba pasando de largo frente a la casa cuando la mujer lo vió y lo llamó.
La Mujer.- ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuéntame lo que ha pasado.
El Hombre.- He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.
La Mujer.- ¿Y no te ha dado un consejo para mí?.
El Hombre.- A ver…a ver si recuerdo… ¡Ah! sí. Me dijo que lo que te fataba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.
Narrador.- Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:
La Mujer.- ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye..y ¿quieres ser tú ese hombre?
El Hombre.- Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adios, me voy corriendo.
Narrador.- Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró e interrogó.
El Árbol.- ¿Qué ha pasado buen hombre?
Narrador.- Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:
El Árbol.- ¿Y para mí, para mí, Dios no te dió ningún consejo?.
El Hombre.- A ver… a ver si recuerdo…¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raices había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá de nuevo bien.
Narrador.- Después de oír al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.
El Árbol.- Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quiere hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raices crezcan de nuevo bien.
El Hombre.- Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adios.
Narrador.- El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:
El Lobo.- ¿Y para mí…., para mí no te dió Dios también un consejo?.
El Hombre.- A ver….a ver si me acuerdo…¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.
Narrador.- El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y…¡Lo devoró!.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Autor Desconocido

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UN HOMBRE CON MUY MALA SUERTE

junio 21, 2008 at 6:28 am (cuentos, escritos, hombre, relatos)


Un cuento para el fin de semana:
Narrador.- Erase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Y así pasaron muchos años años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas durante un buen rato, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. Y…quién era más indicado para prestársela que Dios. Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.
A la mañana siguiente se puso en marcha. Y caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos días, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:
El Lobo.- “¡Oooooooh….oooooooohh!”.
Narrador.- Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito!. Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones; daba lástima verlo.
El Hombre.- ¿Qué te pasa lobo?
El Lobo.- Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…
El Hombre.- ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios a pedirle que me cambie la suerte.
El Lobo.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Muy bien, no te preocupes que se lo pediré. Hasta pronto.
Narrador.- Y caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacía mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.
El Hombre.- ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!
Narrador.- Nada más pensarlo vio a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y…. ¡otra vez escucho aquella voz!
El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador.- Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:
El Hombre.- ¿Eres tú, árbol?
El Árbol.- Sí, yo soy.
El Hombre.- ¿Qué te pasa?
El Árbol.- ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?.
El Hombre.- ¡No sigas!. Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.
El Árbol.- Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre.- Lo haré.
Narrador.- Y con esa promesa se marchó. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.
Después de un tiempo, el hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso vale. Parecía un paraiso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,…Era una maravilla de lugar. Bajando al vale descubrió, en medio de aquel precioso paisaje una casa muy acojedora. Se acercó y vió que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.
La Mujer.- Ven, viajero, ven a descansar.
Narrador.- El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.
El Hombre.- Te veo triste.
La Mujer.- Sí, es verdad, de un tiempo para acá no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que algo me falta.
El Hombre.- ¡No sigas!. Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.
La Mujer.- Pues dile que te dé un consejo para mí.
Narrador.- A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.
El Hombre.- ¿Tú eres Dios?.
Dios.- Sí, yo soy.
El Hombre.- Tu sabes que las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.
Dios.- Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.
Narrador.- El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó a aquel valle. Estaba pasando de largo frente a la casa cuando la mujer lo vió y lo llamó.
La Mujer.- ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuéntame lo que ha pasado.
El Hombre.- He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.
La Mujer.- ¿Y no te ha dado un consejo para mí?.
El Hombre.- A ver…a ver si recuerdo… ¡Ah! sí. Me dijo que lo que te fataba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.
Narrador.- Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:
La Mujer.- ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye..y ¿quieres ser tú ese hombre?
El Hombre.- Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adios, me voy corriendo.
Narrador.- Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró e interrogó.
El Árbol.- ¿Qué ha pasado buen hombre?
Narrador.- Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:
El Árbol.- ¿Y para mí, para mí, Dios no te dió ningún consejo?.
El Hombre.- A ver… a ver si recuerdo…¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raices había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá de nuevo bien.
Narrador.- Después de oír al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.
El Árbol.- Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quiere hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raices crezcan de nuevo bien.
El Hombre.- Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adios.
Narrador.- El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:
El Lobo.- ¿Y para mí…., para mí no te dió Dios también un consejo?.
El Hombre.- A ver….a ver si me acuerdo…¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.
Narrador.- El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y…¡Lo devoró!.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Autor Desconocido

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COMPARTIR EL DOLOR EN EL PARTO

junio 19, 2008 at 6:59 am (articulo, huicholes, indios, parto)


Buscando costumbres y otras culturas he encontrado a los Indios Huicholes, estos indios aún conservan muchas tradiciones de sus antepasados ya que suelen vivir aislados, me ha llamado la atención como comparten el dolor del parto de sus mujeres, ya me gustaría ver a más de uno de esos valientes que conocemos hacer lo mismo que hacen estos indios.
Como mi hija está a punto de dar a Luz, le voy a decir a mi yerno que comparta sus dolores con ella actuando como un indio Huichole…..jiji

El acto de parir, va siempre acompañado de dolor. Los indios huicholes piensan que la pareja de la mujer debe compartir el dolor y el placer de dar a luz: por eso, mientras ella está de parto, el marido se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer ¡O incluso más! Esta costumbre de compartir los dolores del parto, en la que el hombre mantiene una actitud simpática de empollamiento ante la llegada del hijo, está extendida entre muchos nativos.

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COMPARTIR EL DOLOR EN EL PARTO

junio 19, 2008 at 6:59 am (articulo, huicholes, indios, parto)


Buscando costumbres y otras culturas he encontrado a los Indios Huicholes, estos indios aún conservan muchas tradiciones de sus antepasados ya que suelen vivir aislados, me ha llamado la atención como comparten el dolor del parto de sus mujeres, ya me gustaría ver a más de uno de esos valientes que conocemos hacer lo mismo que hacen estos indios.
Como mi hija está a punto de dar a Luz, le voy a decir a mi yerno que comparta sus dolores con ella actuando como un indio Huichole…..jiji

El acto de parir, va siempre acompañado de dolor. Los indios huicholes piensan que la pareja de la mujer debe compartir el dolor y el placer de dar a luz: por eso, mientras ella está de parto, el marido se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer ¡O incluso más! Esta costumbre de compartir los dolores del parto, en la que el hombre mantiene una actitud simpática de empollamiento ante la llegada del hijo, está extendida entre muchos nativos.

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Las gargolas y su misterio

junio 18, 2008 at 10:29 am (articulo, gargolas, leyendas)

Cuando visito alguna ciudad mis ojos me llevan al lugar donde reposan las gárgolas, están quietas, vigilantes, acechando y esperando que llegue su momento.

Cuando llega la noche y la oscuridad cubre con su manto la ciudad, ellas siguen allí en su lugar esperando la llamada para ponerse todas en movimiento….
No las miréis en una noche de niebla porque seguramente cambiaran de postura para acomodarse y no perdonarán ser vistas.

Corre una leyenda sobre las gárgolas de la Catedral de Notre-Dame, no aparece en los libros de Historia, pero ha sobrevivido de generación en generación gracias a las voces del pueblo, que la recuerdan cada treinta de mayo desde el año 1431.Aquel día, en la plaza del Mercado Viejo de Ruán llevaron a la hoguera a Juana de Arco, una muchacha que decía haber oído la voz de Dios y estar destinada a salvar a Francia del saqueo de los ingleses. Ocurrió durante la Guerra de los Cien Años y, fuese verdad o mentira que había oído a Dios lo cierto es que Juana comandó un ejército en el sitio de Orleans y ganó para los franceses una de las batallas más decisivas de la guerra. Y, a pesar de haberse convertido en una heroína nacional Juana de Arco fue condenada a morir en la hoguera por herejía.


Cuenta la leyenda que aquel día hubo tal exhibición de fanatismo, que las gárgolas despertaron de su sueño de años y arrasaron la ciudad por la noche. Desde las cornisas de la catedral, los monstruos alados y cornudos contemplaron el escalofriante espectáculo de la muerte de una inocente y decidieron vengarla.Y se dice que a la mañana siguiente aparecieron por las calles de Ruán los cadáveres de cientos de personas, y que todos ellos habían asistido al suplico de Juana de Arco en la Plaza del Mercado, y que todos habían disfrutado viendo cómo se quemaba.

(esta última garloga lleva las iniciales de mi familia……..ufff)

Es esta ocasión las gárgolas defendieron a una mortal inocente, pero no confiéis demasiado cualquier día abren sus fríos ojos y nos llevan al lugar donde su corazón de piedra descansa.

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Las gargolas y su misterio

junio 18, 2008 at 10:29 am (articulo, gargolas, leyendas)

Cuando visito alguna ciudad mis ojos me llevan al lugar donde reposan las gárgolas, están quietas, vigilantes, acechando y esperando que llegue su momento.

Cuando llega la noche y la oscuridad cubre con su manto la ciudad, ellas siguen allí en su lugar esperando la llamada para ponerse todas en movimiento….
No las miréis en una noche de niebla porque seguramente cambiaran de postura para acomodarse y no perdonarán ser vistas.

Corre una leyenda sobre las gárgolas de la Catedral de Notre-Dame, no aparece en los libros de Historia, pero ha sobrevivido de generación en generación gracias a las voces del pueblo, que la recuerdan cada treinta de mayo desde el año 1431.Aquel día, en la plaza del Mercado Viejo de Ruán llevaron a la hoguera a Juana de Arco, una muchacha que decía haber oído la voz de Dios y estar destinada a salvar a Francia del saqueo de los ingleses. Ocurrió durante la Guerra de los Cien Años y, fuese verdad o mentira que había oído a Dios lo cierto es que Juana comandó un ejército en el sitio de Orleans y ganó para los franceses una de las batallas más decisivas de la guerra. Y, a pesar de haberse convertido en una heroína nacional Juana de Arco fue condenada a morir en la hoguera por herejía.


Cuenta la leyenda que aquel día hubo tal exhibición de fanatismo, que las gárgolas despertaron de su sueño de años y arrasaron la ciudad por la noche. Desde las cornisas de la catedral, los monstruos alados y cornudos contemplaron el escalofriante espectáculo de la muerte de una inocente y decidieron vengarla.Y se dice que a la mañana siguiente aparecieron por las calles de Ruán los cadáveres de cientos de personas, y que todos ellos habían asistido al suplico de Juana de Arco en la Plaza del Mercado, y que todos habían disfrutado viendo cómo se quemaba.

(esta última garloga lleva las iniciales de mi familia……..ufff)

Es esta ocasión las gárgolas defendieron a una mortal inocente, pero no confiéis demasiado cualquier día abren sus fríos ojos y nos llevan al lugar donde su corazón de piedra descansa.

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EL ESPIRITU DE ELVIS VISITO A SU NOVIA

junio 17, 2008 at 9:21 am (articulos, Elvis, espiritu, leyenda)

He encontrado una declaración de la ultima novia de Elvis Presley, según cuenta el espíritu de Elvis se le apareció…..?????????
Aquí lo pongo y cada uno tendrá su opinión.

Me dice que está en paz y que se encuentra contento.
Ginger Alde, la bellísima muchacha que fuera el último amor del desaparecido Elvis Presley aseguró que “está en constante comunicación con el Rey”.

Todo comenzó tres días después de su muerte, me encontraba desolada. Me pasába los días llorando en mi habitación. No quería hablar con nadie. De repente sentí nuestra canción en el aire. Era su voz… estoy segura de que lo era. Y como para que no tuviera dudas lo vi allí. Vestía uno de sus trajes escénicos de blanco puro. Una cadena de oro rodeaba su cuello. Flotaba en el aire y había una expresión de infinita paz en su rostro. Me colocó la mano en la frente y al instante me quedé dormida.

Esto pudiera sonar como un exceso de imaginación por parte de la chica.
Pero había testigos presenciales de lo sucedido. Por ejemplo, estaba su madre Jo Ann y su amiga intima Rose que también estaba de visita en el hogar de los Alde.

Era Elvis Presley… flotaba en el aire. Sentí una canción y me acerqué a la puerta del dormitorio. Vi a mi hija hablando con alguien. De repente me pregunté quién podía haber entrado en la casa sin yo verlo… pero se trataba de Elvis – afirmó la mamá de la Bella Ginger.

Jo Ann dice la pura verdad. Yo estaba con ella en la planta baja. Tomando Café cuando sentimos la canción. Eran sobre las tres de la tarde. Precisamente hablábamos sobre lo deprimida que estaba su hija. Jo Ann se levantó siguiendo el sonido de la canción. Ella no sé dio cuenta que la seguía. Puedo afirmar que yo vi a Elvis Presley después de muerto… y cantándole a su último amor – Añadió la amiga Rose.
Ginger Alde desde aquel día fue una mujer feliz.

Sé que está allí… y sé que está en paz y tranquilidad. Cuando necesito su consejo, todo lo que tengo que hacer es acostarme en la cama. Cerrar la puerta de mi habitación y llamarlo. Al momento siento su voz flotando sobre mí… no su voz mentalmente sino su voz real… es algo imposible de explicar – sugirió afirmando la muchacha.
Vecinos y amistades de la casa apoyaron sus declaraciones.

Yo mismo le escuché hablando con Ginger… no era una voz de ultratumba ni nada parecido. Era la voz de Elvis Presley en una habitación cualquiera… con la única diferencia de que el dueño de esa voz estaba muerto y la habitación pertenecía a la que fue su novia – Afirmó el doctor Wilson Trudeau amigo de la familia.

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EL ESPIRITU DE ELVIS VISITO A SU NOVIA

junio 17, 2008 at 9:21 am (articulos, Elvis, espiritu, leyenda)

He encontrado una declaración de la ultima novia de Elvis Presley, según cuenta el espíritu de Elvis se le apareció…..?????????
Aquí lo pongo y cada uno tendrá su opinión.

Me dice que está en paz y que se encuentra contento.
Ginger Alde, la bellísima muchacha que fuera el último amor del desaparecido Elvis Presley aseguró que “está en constante comunicación con el Rey”.

Todo comenzó tres días después de su muerte, me encontraba desolada. Me pasába los días llorando en mi habitación. No quería hablar con nadie. De repente sentí nuestra canción en el aire. Era su voz… estoy segura de que lo era. Y como para que no tuviera dudas lo vi allí. Vestía uno de sus trajes escénicos de blanco puro. Una cadena de oro rodeaba su cuello. Flotaba en el aire y había una expresión de infinita paz en su rostro. Me colocó la mano en la frente y al instante me quedé dormida.

Esto pudiera sonar como un exceso de imaginación por parte de la chica.
Pero había testigos presenciales de lo sucedido. Por ejemplo, estaba su madre Jo Ann y su amiga intima Rose que también estaba de visita en el hogar de los Alde.

Era Elvis Presley… flotaba en el aire. Sentí una canción y me acerqué a la puerta del dormitorio. Vi a mi hija hablando con alguien. De repente me pregunté quién podía haber entrado en la casa sin yo verlo… pero se trataba de Elvis – afirmó la mamá de la Bella Ginger.

Jo Ann dice la pura verdad. Yo estaba con ella en la planta baja. Tomando Café cuando sentimos la canción. Eran sobre las tres de la tarde. Precisamente hablábamos sobre lo deprimida que estaba su hija. Jo Ann se levantó siguiendo el sonido de la canción. Ella no sé dio cuenta que la seguía. Puedo afirmar que yo vi a Elvis Presley después de muerto… y cantándole a su último amor – Añadió la amiga Rose.
Ginger Alde desde aquel día fue una mujer feliz.

Sé que está allí… y sé que está en paz y tranquilidad. Cuando necesito su consejo, todo lo que tengo que hacer es acostarme en la cama. Cerrar la puerta de mi habitación y llamarlo. Al momento siento su voz flotando sobre mí… no su voz mentalmente sino su voz real… es algo imposible de explicar – sugirió afirmando la muchacha.
Vecinos y amistades de la casa apoyaron sus declaraciones.

Yo mismo le escuché hablando con Ginger… no era una voz de ultratumba ni nada parecido. Era la voz de Elvis Presley en una habitación cualquiera… con la única diferencia de que el dueño de esa voz estaba muerto y la habitación pertenecía a la que fue su novia – Afirmó el doctor Wilson Trudeau amigo de la familia.

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